sábado, 23 de abril de 2016

Día Internacional del Libro: Diez adaptaciones que no te puedes perder


Alguien comparó alguna vez la relación entre cine y literatura con la de un matrimonio. No iba muy desacertado porque al igual que esta institución, pueden llevarse bien, regular, mal... ser fieles, infieles, tener una relación libre, y hasta culminar en divorcio. Pero en el fondo, por muy mal que salgan las cosas, ambas comparten algo esencial: la narración de una historia.

Cine y literatura tienen lenguajes completamente distintos, razón por la cual muchas veces los lectores vemos frustradas nuestras expectativas. En el cine prima la imagen, en el libro la palabra. Esto ya lo comprendió Hitchcock, adaptador de novelas poco conocidas en su tiempo (Psicosis, Rebeca, Los pájaros...) y al que le encantaba contar la anécdota de las dos ovejas que se están comiendo un rollo cinematográfico y una le pregunta a la otra: "¿qué tal está?" y la otra le contesta: "buah, me gustó más el libro".

Las comparaciones son inevitables, pero en el Día Internacional del Libro queremos repasar diez adaptaciones que hacen honor al libro del que parten. Unas destacan por su originalidad y riesgo, otras enriquecen la novela original al plasmar de forma maravillosa aquello que acontece entre sus páginas. 

Esta es solo una selección gourmet, sabemos que hay muchas más. Por eso, nos encantará que aportéis vuestra opinión :)

jueves, 14 de abril de 2016

Crítica de Kiki, el amor se hace



Arde Madrid
Por José Antonio García Sagardoy

El tercer largometraje tras las cámaras de Paco León nos acerca al atractivo mundo de las filias sexuales, con cinco historias amorosas que se entrelazan en un caluroso verano de la capital española. Kiki, el amor se hace llega a las salas tras el éxito de sus predecesoras, Carmina o revienta (2012) y Carmina y amén (2014), alejándose de los dos pilares que sostenían el personal universo creado por el director: su hermana (María León) y –en mayor medida– su madre (Carmina Barrios). Esta separación, que en principio puede apenar a los seguidores de la nueva musa de la comedia española, resulta de lo más satisfactoria, pues nos muestra al sevillano agudizando y definiendo su estilo propio en un proyecto diferente, apartado del contexto familiar que ya nos mostró anteriormente. 

La intención por parte de los productores (Vértigo Films / Telecinco Cinema) de realizar un remake del filme australiano The Little Death (Josh Lawson, 2014), solo se aceptó al quedar claro que León podría hacer lo que le diese la gana con el material de partida –filme de tonos fríos que cuenta con un último tramo mucho más dramático que Kiki–, siempre respetando la esencia de la película de Lawson. Así, advertimos la diferencia ya desde el título. Si la cinta de 2014 se apodaba “la pequeña muerte”, en clara alusión al orgasmo; en el de León, su subtitulo “el amor se hace” alude al tiempo y la voluntad que hay que invertir en una relación amorosa. Y es que “el amor se construye” poco a poco, con paciencia y en ocasiones, hasta con sexo.

Ambos filmes manejan, en principio, los mismos temas universales: las relaciones entre seres humanos –amor, sexo…– y los tabúes; pero León excava más profundo para dejar expuestas las invisibles barreras que nos imponemos a nosotros mismos. Esta comedia erótico-festiva que destila sexo en sus perspicaces diálogos huye –en la mayoría de los casos– de lo explícito en las escenas de cama, demostrando que el manoseado estigma del cine español como industria que únicamente muestra tetas es eso, un manido estigma. Aquí son las palabras las que nos guían y los personajes se desnudan sin necesidad de despojarse de sus vestiduras. Sus miedos y deseos más profundos están siempre presentes, y las ganas de sentirse comprendidos y aceptados tanto por sus compañeros de cama como por ellos mismos dominarán buena parte del relato.

"Aquí son las palabras las que nos guían y los personajes se desnudan sin necesidad de despojarse de sus vestiduras"

El envoltorio de Kiki lo definió con acierto Paco León el día de su estreno en Gran Vía. León pidió a todos todos los asistentes un código de etiqueta en el que imperase la “elegancia tropical”. El resultado fue una explosión de color que ya se venía dando desde el rodaje. La cálida gama cromática del filme se subraya con la introducción de planos metafóricos en los que tanto frutas –los dedos que se introducen en un pomelo…– como animales tienen cabida, claro ejemplo de ello resulta la efectiva escena de los títulos de crédito. Mención aparte merece la acertada banda sonora de la cinta con pegadizos temas como Enamorada de Pedrina y Rio o Fuego de Bomba Estéreo. Ritmos latinos que ayudan a contagiar de calor el verano madrileño que vemos en pantalla.

El relato brilla con los pasajes en los que el característico humor negro de su director se vuelve más afilado e irreverente. Los diálogos, tan reales que podrían considerarse surrealistas, colman las cinco historias. Destacan sobre el resto las referentes a la somnofilia (parafilia en la que se obtiene placer al interactuar sexualmente con un individuo en estado de sueño) con Mari Paz Sayago, y la dacriflia (en la que uno se excita con las lágrimas o el llanto) protagonizada por una maravillosa –a la par que sádica– Candela Peña. Otros segmentos, aunque con menor peso en el conjunto, no dejan de enternecernos, como el protagonizado por Alexandra Jiménez y David Mora.


Los personajes, aquí, toman los nombres de los actores que los interpretan. León siempre ha jugado con la delgada línea entre la ficción y la realidad en sus filmes. Lo pudimos ver por vez primera en Carmina o revienta, en la que se apropiaba de un lenguaje propio del documental para presentarnos a su familia, sus amigos y su barrio. Su mundo. En Carmina y amén, más solemne y depurada, abandonaría ese estilo para finalizar un díptico en el que tenían cabida tanto el humor más surrealista como la seriedad más absoluta. El director sigue jugando con el espectador presentándole personajes e historias que pueden –o no– haber existido alejados de las cámaras.

Kiki destaca, como viene siendo habitual en el cine de Paco León, por el trabajo de las actrices, por las que siente confesada predilección. El gusto por lo femenino no es lo único por lo que se ha señalado al director como heredero directo de la obra de Pedro Almodóvar, pues el ya citado descaro de las palabras que salen de las bocas de sus personajes o las situaciones surrealistas entroncan de manera directa con los primeros filmes del célebre manchego. Es obvio que tratar prácticas como la lluvia dorada en el cine no resulta igual de transgresor en 2016 que cuando se hizo por primera vez con Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón (1980), aunque sigue siendo igual de efectivo: cierto sector del público se escandalizará, otro lo encontrará hilarante. 

Pero no solamente de referencias almodovarianas vive el sevillano. León es capaz de hermanar sus referencias “cultas” con otras mucho más populares o freaks, como puede ser el clarísimo guiño a las virales vecinas de Valencia, popularizadas por el programa de reportajes Callejeros con ese: “Sin ser nada de eso yo”, o el autorreferencial “chocho colgón” del que ya hablaba Yolanda Ramos en la segunda parte de Carmina.




Kiki, el amor se hace es una tórrida comedia de apariencia ligera en la que, si el espectador entra receptivo y con la mente abierta, podrá pasar más allá de la superficie, encontrando profundidad. Una profundidad todavía necesaria: hay que aceptarse a uno mismo, con sus (para)filias y sus fobias, para poder aceptar después las de los demás. Los tabúes y prohibiciones que nos imponemos a nosotros mismos nos impiden ser felices y, desgraciadamente, no existe la misma libertad para hablar de sexo al salir de la sala de cine. Kiki es una oda a todas esas “extrañezas”, a la diferencia, a la tolerancia y a la libertad. Como se suele decir, hay tantas formas de amor como personas en el mundo. Y en Kiki solo se muestran unas cuantas. Al salir del cine, el calor de la capital que desprende Kiki te contagia y deseas que sea verano para no parar de salir; de probar y de hacer…

Lo mejor: ver como Paco León sigue por buen camino. Los actores, destacando a la todoterreno Candela Peña.

Lo peor: que haya gente que se quede en la superficie. Que te llueva al salir del cine.

viernes, 8 de abril de 2016

Las muchas adaptaciones de Orgullo y Prejuicio de Jane Austen


Por María José Agudo

Que Jane Austen (1775-1817) es como un imán para las adaptaciones es algo indiscutible. Todas sus novelas cuentan con varias traslaciones a la pantalla grande de un modo más o menos fiel. También la televisión ha sido testigo de los romances y peripecias de algunas de sus más afamadas protagonistas, como Lizzy Bennet de "Orgullo y Prejuicio" (1813), personaje considerado por muchos expertos como la primera heroína moderna de la literatura inglesa. 

Ahora está en los cines otra vuelta de tuerca de su novela más conocida Orgullo y Prejuicio y zombiespelícula basada en el best-seller del mismo nombre escrito por Seth Grahame-Smith & Jane Austen (el autor se ha permitido la licencia de incluir a la autora original). En esta nueva revisión algo gamberra, dirigida por Burr Steers y con Lily James (Cenicienta) y Sam Riley (Maléfica) como Elizabeth y Mr. Darcy respectivamente, las cinco hermanas Bennet tienen que lidiar con cosas más complicadas que encontrar un buen partido y conservar su dote. La apacible villa de Meryton se ve infectada de zombies sedientos de carne humana y es ahí donde estas damas van a tener que desplegar otros encantos más letales.  

Imagen de la novela escrita por  Seth Grahame-Smith

No deja de ser curioso que este clásico que ya ha cumplido 200 años no haya perdido popularidad y siga siendo objeto de continuas adaptaciones o vueltas de tuerca. Lo cierto es que al principio la novela no lo tuvo nada fácil. La primera vez que Jane Austen la publicó fue el 28 de enero de 1813, y lo hizo de forma anónima cediendo los derechos de la novela por tan solo 110 libras. Por aquel entonces no estaba bien visto que una joven escribiera y tuviera inquietudes literarias, así que Jane firmó su novela como 'Una dama'. Pero pronto el romance de Lizzy y Darcy se convirtió en un fenómeno editorial y con el tiempo algunos miembros de la familia Austen revelaron que estaba escrita por alguien de su sangre. Así fue como Jane Austen se hizo famosa. 

Titulada en un principio Primeras impresiones, fue escrita cuando Jane Austen solo tenía 20 años aunque publicada años más tarde. En ella encontramos una deliciosa historia en torno a una familia, Los Bennet, compuesta por cinco inolvidables hijas (Jane, Lizzy, Mary, Lydia y Kitty), si bien la heroína y el mejor personaje corresponde a la segunda de ellas: Elizabeth (Lizzy). Prejuiciosa, inteligente, irónica, cariñosa especialmente con su hermana mayor Jane y su padre, y adelantada para la época en cuanto a que está decidida a casarse por amor y tiene sus propias opiniones en todo tipo de temas. Elizabeth es valiente y no tiene miedo de enfrentarse a algunos de los personajes más odiosos de todo el libro, como su primo el Señor Collins o la estirada Lady Catherine de Bourgh, tía de Darcy y benefactora de Collins. La relación entre Lizzy y un amigo de los Bingley, el acaudalado señor Darcy, será el tema central del relato, y es sin duda, un antecedente de cuantas comedias e historias románticas hemos visto en el cine; la clásica relación que empieza con mal pie y que enfrenta a dos personajes en apariencia diametralmente opuestos pero que cuando llegan a conocerse descubren que están hechos el uno para el otro. 

"La relación entre Lizzy y un amigo de los Bingley, el acaudalado señor Darcy, es sin duda, un antecedente de cuantas comedias e historias románticas hemos visto en el cine"

Adaptaciones de Orgullo y Prejuicio

De las seis novelas que publicó Austen, "Orgullo y Prejuicio" posiblemente es la más adaptada, si bien el argumento de "Emma" (1815) ha resultado irresistible para el cine, incluso para versiones ambientadas en el siglo XX, ¿o es que ya no os acordáis de Clueless, Fuera de Onda? Aunque su obra ha sido llevada al cine con mayor o menor éxito, es en la televisión donde los "austenitas", algunos recreados y exagerados en la simpática Austenland (Jerusha Hess, 2013) han encontrado un mayor rigor. 
 El papel del Sr. Darcy elevó a Colin Firth al estrellato. Está considerado el mejor de todos.

La BBC siempre ha apostado por divulgar la obra de algunos de sus más insignes escritores, desde Dickens a la propia Austen, y para ello no ha dudado en realizar producciones muy cuidadas en todos los aspectos. La televisión pública británica ha adaptado Orgullo y Prejuicio en 1938, 1952, 1958, 1967, 1980 y 1995. Esta última versión de seis episodios es sin duda la más conocida y valorada. Cuenta con un Darcy de altura con rostro del entonces desconocido Colin Firth, quien por cierto luego sería un Darcy moderno en El diario de Bridget Jones

Fuera de la BBC hay otras adaptaciones televisivas, como la miniserie Lost in Austen; con una trama ambientada en la actualidad, pero hemos querido centrarnos en dos adaptaciones cinematográficas de esta obra pese a que hasta existe una versión de Bollywood: Bride and Prejudice (Gurinder Chadha).

Más fuerte que el orgullo (Robert Z. Leonard, 1940)

Fue la primera adaptación cinematográfica de la novela realizada por Hollywood y contó con Greer Garson y Laurence Olivier como Lizzy y Darcy respectivamente. Dirigida por Robert Z. Leonard, no resulta demasiado fiel a la obra original tirando a anacrónica en aspectos como el vestuario. Así, en el filme de Leonard las ropas que luce el reparto son más propias del s. XIX que del período donde transcurre la historia, la Regencia británica. Un error que la MGM, el estudio que se embarcó en este proyecto, justificó con la necesidad de ahorrar costes. De hecho, hasta aprovecharon parte del maravilloso vestuario de Lo que el viento se llevó. Además de en los aspectos formales, también hay cambios en la trama, reducida y más ligera. Incluso, la odiosa Lady Catherine de Bourg está aquí de lo más cambiada, y se muestra cómplice y feliz con el romance entre su sobrino y Lizzy, algo que para quienes se hayan leído el libro resulta imposible.


Pero si perdonamos esos detalles, resulta una encantadora adaptación, quizás demasiado teatral, que se beneficia de las interpretaciones del inolvidable dúo protagonista (Garson y Olivier). Aunque siendo honestos, Olivier peca de acartonar demasiado al orgulloso Darcy. Y eso que la inclusión del reputado actor británico fue casi casual. Según su autobiografía, él entro a formar parte del reparto convencido de que su por entonces pareja, Vivien Leigh (que venía de interpretar con éxito a nuestra querida Escarlata O´Hara) sería su partenaire, y que George Cukor los dirigiría. Pero ni Leigh (quien no apareció por presiones del estudio) ni Cukor (quien se encontraba en otro proyecto) participaron al final. En el caso de Leigh, la MGM no estaba dispuesta a que apareciera en pantalla con su amante, algo que en aquellos tiempos del Código Hays era poco menos que inmoral. Con lo cual, Olivier se quedó compuesto y sin novia. La película fue premiada con un Oscar a a la mejor dirección artística.

Orgullo y prejuicio (Joe Wright, 2005)






Amante de la estética romántica, este londinense se estrenó en el cine a lo grande con esta cuidada adaptación de la novela de Jane Austen. Con esta película comenzaba también una relación profesional inseparable: la de Joe Wright y la actriz británica Keira Knightley, quien hasta la fecha ha protagonizado tres de sus películas (Anna Karenina, Expiación y la que nos ocupa).

Elegante y sutil, también cuenta con cambios respecto a la novela original. Por ejemplo: una gran disminución en la duración de algunas secuencias, como la visita de Elizabeth a Rosings Park, la eliminación de algunos personajes secundarios, tales como el Sr. Hurst, Lady y Maria Lucas, el Sr. y la Sra. Phillips, varios de los amigos de Lydia (incluidos el Coronel y la Sra. Forster, que son exclusivamente nombrados en la película), o el cambio de escenarios en las proposiciones del señor Darcy. Aquí se les ha dado un toque más romántico y se juega con escenarios naturales. 

Desde luego, la película es una delicia, en ella sobresalen la dirección artística, banda sonora (otra maravilla de Dario Marianelli), vestuario (esta vez ajustado a la época del libro), fotografía (Roman Osin) y por supuesto, el reparto. Desde una inspirada Keira Knightley que se adapta como un guante al carácter de Elizabeth hasta un Darcy que se siente más humano (Matthew Macfadyen), pasando por unos secundarios que están encantadores, incluida una Rosamund Pike, pre-Perdida, que interpreta a la cándida y dulce Jane. 

martes, 5 de abril de 2016

Centenario del nacimiento de Gregory Peck

Hoy 5 de abril se cumplen 100 años del nacimiento de uno de los actores más queridos y respetados del cine: Gregory Peck. Nacido en 1916 en La Jolla (California) el destino quiso que abandonara los estudios de medicina para poder dedicarse a su verdadera vocación: la interpretación. El gusanillo se lo había transmitido su abuela materna con la que devoraba películas, aliviando así el divorcio de sus padres. Tras una corta temporada en Broadway, muy pronto su porte y su fama de buen chico le abrirían las puertas de la meca del cine, debutando en 1944 de la mano de Jacques Tourneur en Días de Gloria (1944). Los hábitos religiosos le dieron suerte y gracias a su papel de misionero entregado (Las llaves del reino) consiguió su primera nominación al Oscar.

Las llaves del reino (1944)  de John M. Stahl 
Poco a poco se fue labrando una carrera que le llevó a trabajar a las órdenes de algunos de los mejores directores de la época: Hitchcock (Recuerda, El proceso paradine), Elia Kazan (La barrera invisible), William Wyler (Vacaciones en Roma, Horizontes de grandeza), John Huston (Moby Dick), Raoul Walsh (El mundo en sus manos), King Vidor (Duelo al sol) o Robert Mulligan entre otros. Este último le proporcionó su papel favorito: el abogado y padre ejemplar Atticus Finch de Matar a un ruiseñor, la adaptación al cine de la obra homónima de la recientemente fallecida Harper Lee. 


Gracias a su inolvidable Atticus, considerado el mejor héroe del cine por delante incluso de Indiana Jones, consiguió su único Oscar como mejor actor principal en 1961. Este personaje le permitió seguir estando en activo en los 60 pese a que su fama de estrella había vivido tiempos mejores. En esos años, continuó cultivando esa imagen de hombre íntegro y justo que le llevó a participar en diferentes causas humanitarias, como los derechos de la comunidad negra o la lucha contra el cáncer. Los más jóvenes lo descubrimos como el sufrido padre de todo un clásico del terror La profecía . Pese a que sus papeles de villano se pueden contar con los dedos de una mano (Duelo al sol o Moby Dick) en 1978 dio vida al famoso médico (o más bien sádico), Josef Mengele en Los niños del Brasil (Franklin J. Schaffner, 1978)

Su última actuación fue el telefilm  El retrato (Arthur Penn, 1993) junto a Lauren Bacall y su hija Cecilia Peck, también actriz. Murió en 2003. Su panegírico fue leído por el actor Brock Peters, el inolvidable Tom Robinson (el hombre negro acusado de violar injustamente a una blanca) de Matar a un ruiseñor.

Nuestro periodista del Hollywood clásico, Milton River, también ha querido dedicar unas líneas a esta gran estrella del cine. En ellas te enterarás de algunas curiosidades.



"Eldred Gregory Peck hizo bien en quitarse su primer nombre, puesto al azar por sus padres, y cambiar de profesión. Pocos actores han sabido transmitir ese aire de hombre bueno y justo que él bordaba. 

La publicidad de la época lo definía como "alto, moreno y guapo" y esta vez no mentía. Al principio, todos los papeles que no quería Cary Grant recaían en él, como el pícaro periodista de Vacaciones en Roma, la película en donde conoció a una de sus mejores amigas, Audrey Hepburn. Pero Peck no se lo tomaba mal y siguió trabajando duro, tan duro que casi la palma en el rodaje de Moby Dick de Huston. 

Morir ahogado en un rodaje le hubiera impedido protagonizar la película que más se ajustaba a su personalidad, Matar a un ruiseñor. Cuando el guion cayó en sus manos, antes ofrecido a James Stewart o Rock Hudson (???), se lo devoró en una noche y supo que él tenía que ser Atticus Finch. El noble abogado sureño le aportó tanto en lo personal y profesional, que siguió manteniendo durante el resto de su vida un vínculo con algunos de sus actores, así como su autora. La misma Harper Lee hasta le regaló el reloj de pulsera de su padre, el mismo que luce en el filme.  

Peck nunca quiso ser una estrella rebelde, nunca dio un escándalo y su fama de héroe mundano se la ganó a pulso defendiendo muchas causas civiles. Es por eso que hoy lo recordamos con tanto cariño. Por eso, y por sus muchos papeles buenos, esos nunca mienten" 



lunes, 29 de febrero de 2016

Crónica de la 88 edición de los Oscars: Spotlight logra el Oscar a mejor película


Spotlight, Óscar a mejor película y mejor guion original

Leonardo DiCaprio y Brie Larson, triunfaron como mejor actor y mejor actriz principal

Alejandro González Iñárritu ganó su segundo Oscar consecutivo como mejor director, algo que solo han logrado John Ford y Joseph L. Mankiewicz

Mad Max: Furia en la carretera arrasó en los apartados técnicos con seis estatuillas, incluyendo el de montaje o diseño de producción.

Lubezki, "El chivo", consiguió su tercer Oscar consecutivo tras Gravity y Birdman. Es el director de fotografía más galardonado de la historia.

Carol, Marte y Brooklyn se fueron de vacío.

La 88 edición de los Oscars estuvo llena de reivindicaciones, a favor de la diversidad racional, en apoyo a la comunidad LGTB o al respeto al medio ambiente. Desde el primer minuto, el guion de la ceremonia fue directo a la polémica que ha rodeado esta edición, la ausencia de intérpretes nominados negros (Oscars so white), un asunto que con humor y de manera distendida, estuvo muy presente durante toda la gala. El conductor del evento, el cómico Chris Rock, no se andó por las ramas y en su monólogo inicial bromeó y restó importancia a esta controversia. "Teníamos cosas importantes que protestar (..) podían colgarnos de un árbol" "No se trata de boicotear. Solo queremos las mismas oportunidades." sentenció el presentador de manera acertada. 

La gala siguió el orden de entrega acorde con las fases de creación de una película. Los primeros premios repartidos fueron los de guion, una categoría en donde no hubo ninguna sorpresa: Spotlight ganó en mejor guion original y La gran apuesta en el de adaptado. La sueca Alicia Vikander ganó su primer Óscar como mejor actriz de reparto por su delicada composición en La chica danesa, mientras que "fuimos testigos" de la fuerza con la que irrumpió Mad Max: Furia en la carretera, que arrasó en los apartados técnicos (montaje, diseño de producción, sonido...) incluyendo la categoría de mejor vestuario donde estaba nominado el figurinista español Paco Delgado (La chica danesa)

Margaret Sixel ganó el Oscar a mejor montaje por su frenético trabajo para Mad Max: Fury Road
Para nuestra sorpresa y también satisfacción, una de las películas revelación del año pasado, Ex-Machina, se alzó con el galardón a mejores efectos visuales. En fotografía, Lubezki recogió su tercer Oscar consecutivo por su excepcional trabajo para El renacido, arrebatándoselo una vez más al veterano Roger Deakins (13 veces nominado). Del revés (Inside Out) ganó el de mejor película animación mientras que Stallone perdió el combate y se quedó sin su preciada estatuilla como mejor actor de reparto, premio que recayó en el soberbio Mark Rylance de El puente de los espías.

La húngara El hijo de Saúl de László Nemes consiguió el Oscar a mejor película extranjera y el maestro italiano Ennio Morricone nos emocionó a todos en el escenario al obtener su primer Oscar competitivo con 87 años:"No hay grandes bandas sonoras, sino grandes películas que la inspiran". El compositor italiano que ya tenía el Óscar honorífico en su haber, se acordó de otro grande en su discurso, John Williams, también nominado por su partitura para Star Wars: El despertar de la fuerza. Sin duda, el reconocimiento a Morricone, uno de los mejores músicos de la Historia del Cine, fue uno de los momentos más especiales y emotivos. 
El maestro Morricone premiado por su música para Los odiosos ocho


La noche avanzaba e Iñárritu logró una verdadera proeza al vencer en la categoría de mejor director, solo un año después de que lo lograse por Birdman. Tan solo dos leyendas del cine como Ford -Las uvas de la ira (1940) y Qué verde era mi valle (1941)- y Mankiewicz -Carta a tres esposas (1949), Eva al desnudo (1950)- han conseguido tal hito. Como era de esperar, Brie Larson se hizo con la estatuilla a mejor actriz por su conmovedor papel en La habitación, y Leonardo DiCaprio, ahora sí, pudo por fin cumplir su sueño más preciado. A la quinta fue la vencida y tan esperado era por todos su Óscar, que el auditorio le ovacionó antes de que pronunciara un sentido discurso a favor de la lucha por el cambio climático, causa en la que el actor está muy involucrado. 

Para finalizar quedaba la incógnita de saber si El renacido se alzaría como la mejor película de esta edición, pero Hollywood premió esta vez el cine comprometido, y Spotlight de Tom McCarthy fue la que subió a la platea. Finalizó así una gala con poco espectáculo pero con discursos y proclamas de todo tipo. 


Mejor película:
Spotlight

Mejor director:
Alejandro González Iñárritu (El renacido)

Mejor actor protagonista:
Leonardo Dicaprio (El renacido)

Mejor actor de reparto:
Mark Rylance (El puente de los espías)

Mejor actriz protagonista:
Brie Larson (La habitación)
Mejor actriz de reparto:
Alicia Vikander (La chica danesa)

Mejor guion original:
Spotlight (Thomas McCarthy, Josh Singer)

 Mejor guion adaptado:
La gran apuesta (Adam McKay, Charles Randolph)

Mejor película extranjera:
El hijo de Saúl (Hungría)

Mejor película de animación:
Del revés (Inside Out)

Mejor banda sonora original:
Ennio Morricone (Los odiosos ocho)


Mejor canción original:
"Writing's on the Wall" (Spectre)
Mejor fotografía:
Emmanuel Lubezki por El renacido

Mejor diseño de producción:
Mad Max: Furia en la carretera

Mejor vestuario:
Mad Max: Fury road
Mejor montaje:
Mad Max: Furia en la carretera

Mejor maquillaje y peluquería:
Mad Max: furia en la carretera

Mejor montaje de sonido:
Mad Max: Furia en la carretera
Mejor mezcla de sonido:
Mad Max: Furia en la carretera

Mejores efectos visuales:
Ex machina

Mejor documental:
Amy (La chica detrás del nombre)

Mejor cortometraje de acción real:
Stutterer de Benjamin Cleary y Serena Armitage (Reino Unido).
Mejor cortometraje documental:

Mejor cortometraje animado:
Historia de un oso (Chile) de Gabriel Osorio y Pato Escala.

martes, 16 de febrero de 2016

La otra chica danesa: Alicia Vikander




La otra chica danesa
Por María José Agudo

Hay en La chica danesa, el último trabajo del director británico Tom Hooper, una escena que a todo buen voyeur le llamará la atención. El fragmento en que Einar, asumida ya su identidad sexual, acude a un peepshow y paga por ver a una joven desnuda. Con mucha delicadeza, Eddie Redmayne logra transmitir en esos instantes la angustia vital de su personaje. Admirando la belleza rotunda de ese cuerpo (voluptuoso y sensual), Lili se acaricia como si quisiera capturar la esencia de lo femenino, pero su rostro denota insatisfacción, tristeza. Lili no podrá sentirse una mujer hasta que no transforme su físico. Hasta llegar a ese momento, al protagonista le espera un periplo de sufrimiento e incomprensión bastante contenido, si tenemos en cuenta que el de la vida real se sometió a cinco (y no dos) operaciones de cambio de sexo. Pero si hay alguien que permanece a su lado en todo momento es la otra chica danesa que ocupa este texto: su esposa Gerda Wegener (Alicia Vikander). 

El guion de Lucinda Coxon (demasiado correcto y superficial a la hora de narrar el proceso interior que está viviendo Einar) nos presenta este rol femenino de un modo algo ambivalente, aunque ambas facetas tampoco tengan que ser a priori contradictorias. Por un lado, la vemos como una mujer adelantada para su época (principios siglo XX) que disfruta con su gran pasión: la pintura. En la vida real, Gerda Wegener fue una artista que acaparó fama y éxito hasta el final de sus días, mucho más tristes. No solo fue una famosa retratista que llegó a exponer en París, sino que también ilustró para libros y revistas de moda como Vogue, Por el otro lado, en el plano personal, Gerda está tan enamorada del que fuera su esposo que está dispuesta a sacrificar su propia felicidad por ayudarle. Incluso cuando Lili busca volar en libertad. Una mujer de gran generosidad, cuya entrega incondicional puede chirriar a más de una persona en los tiempos que corren, pero que la actriz sueca interioriza de un modo maravilloso, desprendiendo verosimilitud y frescura por los cuatro costados. En contra de lo que algunos puedan pensar, es la intérprete femenina la que más partido saca a su personaje y no Redmayne. A ratos, encuentro al oscarizado actor demasiado obsesionado en transmitir la femineidad por medio de una serie de estudiados gestos y andares (esa sonrisa que no deja de poner todo el rato).

Es esta chica danesa la que acapara mi atención en un biopic correcto pero muy convencional. Una interpretación que tampoco ha pasado desapercibida a ojos de la crítica (Mejor actriz de reparto en los Critics Choice Awards) o la industria (ahí están las nominaciones en los Globos de Oro, Oscar y el SAG, concedido por el sindicato de actores, a mejor actriz secundaria). La magnética robot de Ex-Machina (Alex Garland, 2015) seguirá dando mucho que hablar.


viernes, 12 de febrero de 2016

Crítica El Renacido de Alejandro González Iñárritu

Árbol de fuertes raíces
Por Álvaro Rodríguez Abreu


Hace unos meses leía una entrevista a Alejandro González Iñárritu, que más bien se antojaba una lección de cómo hacer cine. En ella, el director mexicano daba una serie de consejos inspiradores para aquellos a los que nos apasiona el séptimo arte. Venía a decir el realizador de 21 gramos (2003), que el cine debe ser una extensión de uno mismo, de las virtudes pero, sobre todo, de las miserias. Subrayaba que para ser director, uno debe ser un luchador nato ante los obstáculos que la vida te plantea. También hablaba, como ya hizo no hace mucho tiempo, del concepto de superhéroes, del que no reparó en volver a expresar lo irreal que le parece. Una visión además, en sus palabras, tóxica para la cultura. «Los humanos son los verdaderos superhéroes», que se lo digan sino a Hugh Glass, el protagonista de su última obra.