María Vaquero quien ya escribió de Fuerza Mayor, vuelve al blog para hablarnos de Pasolini, la película biográfica que ha dirigido Abel Ferrara (Teniente corrupto o El funeral) y que está protagonizada por Willem Dafoe. La cinta narra los últimos días del revolucionario director de cine italiano, asesinado en 1975 en el pueblo costero de Ostia (Italia).
El clásico de ciencia-ficción Blade
Runner, del que ya sabéis que soy fan incondicional y en este artículo dejé
prueba de ello (Diez poderosas razones por las que amo Blade Runner) regresa
mañana 18 de marzo a 35 cines españoles con un nuevo montaje de su director
Ridley Scott.
Quienes tengan la suerte de poder ver esta nueva versión, llamada
Blade Runner: The Final Cut, podrán verla remasterizada y en versión original.
Según informa Warner Bros, que está detrás de la iniciativa y que hace poco
también reestrenó Alien, el octavo pasajero, la película vuelve a la cartelera
treinta y tres años después de su estreno original en 1982 (cuando a pesar de
ser un fracaso de taquilla logró más de un millón de espectadores) y ocho años
después de su último estreno en 2007 cuando se proyectó el montaje final del
director. Recordemos que en el montaje de Ridley Scott, a diferencia del de
1982, se eliminó además del happy end, la voz en off de Deckard (para muchos innecesaria).
Os dejamos con el vídeo que ha elaborado
para su reestreno en los cines británicos el British Film Institute (BFI). Y os animamos a verla en pantalla grande ya que tiene que ser una experiencia inolvidable.
Hoy llega a nuestras pantallas Fuerza Mayor(Turist), una de las películas europeas más premiadas del año pasado. Entre otros galardones, la película del sueco Ruben Östlund consiguió en el pasado Festival de Cine Europeo de Sevilla el Giraldillo de Oro a la mejor película. Para conocer un poco más sobre ella, enviamos a su pase de prensa a María Vaquero, del blog Memoria de Bolboretay colaboradora en la revista Versión Original. Os dejamos con su crítica. Fuerza
Mayor (Turist)
por
María Vaquero
Si en su anterior película (Play,2011) Ruben Östlund
jugaba con los prejuicios raciales de los espectadores, enFuerza mayor(2011)pone en entredicho la autenticidad de los lazos
que nos unen dentro del ámbito en el que nos sentimos más seguros: la familia.
Tomas (Johannes Bah Kuhnke) viaja a los Alpes franceses
para pasar cinco tranquilos días de esquí con su hermosa mujer Ebba y los dos
hijos que tienen en común, Vera y Harry (Clara y Vincent Wettergren). Todo
parece marchar dentro de la normalidad que se supone en una familia feliz,
acomodada y perfecta pero esta paz se rompe de la forma más inesperada, cuando
un alud controlado está a punto de tragarse a la familia y Tomas huye para
salvar su vida sin pensar en los suyos. A partir de este suceso somos
espectadores de la evolución que sufre la familia, pero tambiénsomos interpelados acerca de la postura que
adoptaríamos nosotros mismos: ¿cuál sería nuestra reacción?
Desde el primer momento se aprecia unainfluencia evidente del cine de Michael Haneke,
director que gusta de poner en riesgo la tranquilidad de núcleos familiares
acomodados mediante un suceso que fragmenta esa seguridad en mil pedazos. Sin
embargo, la propuesta de Ruben Östlund pone en juego otros elementos dado que,
desde el inicio del film, ya intuimos que algo va mal: las fotografías que toma
el insistente e invisible fotógrafo son muestra de que la familia no está tan
unida como pudiéramos pensar en un inicio, al igual que la actitud de los
pequeños, que parecen estar en permanente estado de alerta y enfado a partes
iguales.
La historia tiene lugar en cinco únicos días, divididos en
capítulos, durante los cuales la relación familiar se va deteriorando poco a
poco. En un principio Ebba se muestra enfadada con Tomas pero pronto parece haber
olvidado el asunto; poco después comprobamos que no es así: su mundo perfecto
se está tambaleando una vez más, como comprobaremos, y ella no está dispuesta a
permitirlo.El personaje
interpretado por Lisa Loven Kongsli resulta ser el más interesante y complejo,
con un desarrollo que tiene lugar gracias al cobarde comportamiento de
Tomas. Ebba se muestra como la madre que protege a su familia
ante todo, pero entendiendo el concepto de familia no sólo desde el punto de
vista tradicional sino como la vida ansiada. Ebba no comparte la visión liberal
de las relaciones que sí posee su amiga Charlotte (Karin Myrenberg), no quiere
renunciar a ciertos valores ni a la seguridad que le ofrece un matrimonio
estable, aunque sólo lo sea en apariencia. Por eso es capaz de mirar hacia
delante de nuevo, eso sí, una vez satisfecha su venganza humillando a su amado
esposo y probando su confianza. Dicho
así pareciera que Ebba es una mujer injusta y cruel y, aunque podamos
comprenderla, en cierto modo lo es cuando utiliza a la pareja de amigos como improvisados
psicólogos para conseguir que Tomas asuma su culpa; la avalancha de nieve se
les avecina ahora a ellos también poniendo en riesgo una relación que, esta vez
sí, parece auténtica y que, finalmente, se rompe en pedazos.
La familia protagonista de Fuerza mayor
Ruben Östlund propone un marco revelador, unos Alpes espectaculares
pero gélidos como la relación de sus protagonistas, para mostrarnos un drama a
través de una planificación que alterna la vida en el hotel y las pistas de
esquí y esas avalanchas provocadas por detonaciones controladas que van
puntuando el desarrollo de la trama, al igual que los compases del Verano de
Vivaldi, cuyos violines actúan como mecanismo de alarma para el
espectador. Una aventura de
cinco días narrada de forma circular que pone en entredicho las relaciones
familiares, la confianza en los que amamos y la necesidad de aparentar que todo
funciona.Todo ello bajo un punto
de vista irónico, con momentos realmente dramáticos y escenas absurdas que
sirven como contrapunto en un contexto de abrumadora belleza captada con
acierto por la mirada de Fredrik Wenzel.
"Una aventura de cinco días narrada
de forma circular que pone en entredicho las relaciones familiares, la
confianza en los que amamos y la necesidad de aparentar que todo funciona."
Lo
mejor:el personaje de
Mats (estupendo Kristofer Hivju) y los toques de humor que aporta, que logran
que el drama no sea excesivo y provocan las carcajadas del espectador.
Lo
peor:algunas escenas,
como la de la borrachera multitudinaria, que no se sabe a cuento de qué vienen.
¿Aún triste porque Boyhood no ganó el Oscar a mejor película? Quizás se te pase leyendo el texto de Fernando de las Heras, quien ya nos dio buenas razones para disfrutar de la victoriosa Birdman, y ahora reflexiona sobre el poso de un film "titánico" y humilde al mismo tiempo. Momentos de una vida que sin ser excepcional (como la del común de los mortales) debemos atesorar para siempre.
Boyhood, el lugar al que siempre podrás regresar
Por Fernando de las Heras
La infancia siempre será ese tiempo en el que fuimos felices o, al menos, vivimos con intensidad cada pequeño descubrimiento. Lo extraño de esta verdad es que solo lo comprendemos una vez que ha pasado.
Un tiempo hecho territorio, dicen los poetas, al que regresamos para encontrar las esencias, tal vez, para entender quiénes somos ahora. Pero al igual que cuando Mason, el protagonista de la celebrada Boyhood, borra las marcas de altura en la pared de su habitación, uno percibe lejanamente que en ese crecimiento vivimos rodeados de la incomprensión de quien jamás tendrá todas las respuestas y a pesar de todo está destinado a la felicidad.
Meses después de ver la película de Richard Linklater, vuelvo a ella sin recordar con exactitud momentos de su historia, sin embargo, sigo manteniendo la misma sensación de placer y ternura como cuando recuerdo mi propia infancia.
Boyhood, que finalmente no se ha llevado el Oscar a la mejor película, es una de esas historias hechas con materiales muy humildes pero profundos. Pudiéramos pensar que su grandeza radica, además de por el conocido y titánico esfuerzo de rodarse a lo largo de 12 años, en tratar aquellas difíciles emociones e ideas alrededor de la infancia pero más aún en hacerlo (¡con todo el tiempo que da 12 años para pensar!) sin caer en la pedantería, en la impostura o falsedad de lo tratado.
Hay películas, bien lo sabemos, en las que los personajes que vemos en pantalla se parecen a esas fotografías familiares que vienen en los marcos que compramos. En esta bella narración de los años de Mason y su familia hay, por el contrario, honestidad y una natural manera de contar lo que tiene de complejo y sabio, la apertura a la vida sin paliativos. Una película en movimiento que curiosamente no va hacia ningún punto porque el tiempo es su objetivo y este no se ancla en ningún punto.
Así, Linklater logra retratar en el transcurso de esos años el amor de unos padres divorciados, de unos hermanos que crecerán siendo distintos, la frustración inevitable de sabernos limitados, pero también la lucha contra todo por seguir adelante y la laboriosa tarea de prepararse para abandonar lugares, personas, edades que, de una forma u otra, habrán de marcarnos. El ciclo vital que siempre dibuja un círculo bajo nuestros pies.
Y hay sutileza en el abordaje por parte de su director, detalles que motean la historia y cosas dejadas allá y acá, sin aparente importancia, para que finalmente el descubrimiento de ese niño al que vemos crecer sea nuestro propio redescubrimiento. Aunque cada vida sea distinta y Boyhood cuente la suya.
Decía García Márquez que la vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla. Debemos agradecerle a Boyhood que esas vidas que nos narra sean una vez más la casa de todos y donde todos estaremos alguna vez. Y que al igual que nuestra infancia, su película no se marche jamás aunque nosotros debamos continuar el camino.
A ritmo de musical empezó la87 ceremonia de la gala de los Oscars presentada por un Neil Patrick Harris un tanto desigual y que no brilló en su totalidad. Sus mejores momentos fueron el inicio, donde demostró junto a Anna Kendrick sus grandes dotes en el escenario y el momento en que parodió una de las mejores escenas de Birdman y apareció en calzoncillos sobre el escenario. Se esperaba más del famoso actor de Como conoció a vuestra madre pero lo cierto es que el guion de sus gags no estuvo la altura. No fue solo su culpa ya que la gala fue anodina y muy irregular. Aún con Lady Gaga y Julie Andrews sobre el escenario homenajeando los 50 años de Sonrisas y lágrimas, lo más destacado de la noche fueron los reivindicativos discursos de algunos de los premiados. Boyhood, la gran derrotada La noche empezó con un premio que estaba más que cantado, el de mejor secundario para J.K. Simmons por su papel de exigente profesor en Whiplash, película que se llevó tres Oscars de los cinco que aspiraba. Por su parte, Patricia Arquette consiguió el Oscar a mejor actriz de reparto por Boyhood (el único premio que se llevó) y reivindicó igualdad de derechos para todas las mujeres. En mejor película extranjera, Polonia por fin pudo hacerse con el Oscar a mejor película extranjera gracias a Ida. Poco a poco, empezaron a lloverle premios a El gran hotel Budapest(mejor maquillaje y peluquería, mejor vestuario, mejor diseño de producción y mejor banda sonora para Desplat). Entre numerito musical de las canciones nominadas canción (el más alocado fue sin duda el número musical de La lego película), y aparición de Harris por el auditorio, la gala fue avanzando con bastante parsimoniay alguna que otra sorpresa. Por citar dos ejemplos, no estaba en las quinielas el Oscar a mejor película de animación por Big Hero 6 ni tampoco que la estatuilla para la mejor banda sonora recayera en el brillante compositor Alexandre Desplat. Tras ocho nominaciones, por fin el músico francés obtuvo el Oscar, en este caso por su divertidísima banda sonora para El gran hotel Budapest. Uno de los momentos más emotivos de la noche fue el In Memorian. A través de unas fotos ilustradas recordamos como muchos grandes se nos fueron: Alain Resnais, Lauren Bacall, Richard Attenborough...pero a muchos de nosotros volvió a conmovernos cuando llegó el turno de recordar a nuestro querido Robin Williams. Otro momentoque a más de uno en la butaca le arrancó las lágrimas, fue la interpretación de Glory, ganadora del Oscar a mejor canción original por Selma.El auditorio se puso de pie cuando los creadores de la canción pronunciaron un sentido discurso a favor de la integración racial. No fue el único discurso que arrancó aplausos, la oda a la diferencia que pronunció Graham Moore, que ganó el Oscar a mejor guion adaptado por The imitation game, también fue muy aplaudida.
Por fin iban llegando los premios gordos, y el de mejor director recayó en Alejandro González Iñárritu, para decepción de todos aquellos que hubiesen preferido reconocer los doce años invertidos por Richard Linklater en Boyhood. Como señalaban los pronósticos, Eddie Redmayne ganó el Oscar por su transformación como Stephen Hawking en La teoría del todo, galardón que dedicó a la familia del científico y a todos los afectados por la enfermedad del ELA. También Julianne Moore, elegida mejor actriz por Siempre Alice, se acordó en su agradecimiento de todas las personas que padecen la brutal enfermedad de su personaje, el alzheimer. Tras esto, finalmentesalió Sean Penn al escenario y generando intriga, nos desveló que la mejor película de la 87 edición de los Oscars era Birdman, dejando desazonados a más de un enamorado de Boyhood.
Transgresión 0, Discurso romántico rancio 1 María José Agudo
En Tess d´ Urbeville (1891) la sufrida protagonista de la novela de Thomas Hardy (el escritor inglés por el cual el personaje de Anastasia estudió filología inglesa) pasa un sinfín de penurias por integrarse en una sociedad despiadada y conservadora en la que no hay hueco para las mujeres como ella. Aunque están separadas por más de un siglo, Tess resulta mucho más transgresora que la tal Anastasia Steele, la jovencita ingenua y virginal cuyo apellido recuerda a la famosa escritora de novela rosa, la Corín Tellado estadounidense. Es cierto que esperar transgresión o atrevimiento siquiera, en la calculada adaptación de un best seller mundial en donde todo está medido al detalle, era reconozcámoslo una ingenuidad. La maquinaria de Hollywood no puede arriesgarse a perder espectadores por mostrar más de la cuenta y mucho menos, busca desviarse de una historia que ha atraído a millones de lectores (sobre todo mujeres) de todo el mundo. Así pues, por mucho que la trama esté aderezada con un poco de sexo parafílico (que a estas alturas ya no escandaliza a nadie)50 sombras de Grey está más enfocada a un público adolescente que uno adulto, al mismo de la saga Crepúsculo o de otras adaptaciones en donde se reproducen patrones románticos de lo más carcas y simples, amén de roles que conviene que vayan desterrando, porque algunos caen en el machismo más rancio. Una vez más, el espectador se encuentra ante el tópico o el cliché narrativo de la transformación por el poder del amor. La chica buena que busca la redención de su príncipe azul. Un esquema simple y efectista que hemos visto infinidad de veces en el cine. En este caso, las dos características más prominentes del príncipe azul son las mismas que las de Richard Gere en Pretty Woman: es muy atractivo y está forrado hasta las cejas. El señor Grey además está obsesionado con el control hasta límites tóxicos y además, por algún trauma infantil (atención a este detalle que convierte esta práctica sexual en algofreudiano) solo experimenta placer cuando sus amantes acceden a ser sometidas en su cuarto de juegos, un cuarto en donde al contrario de lo que piensa Anastasia, no se juega a la X Box precisamente. En el otro extremo, encontramos a la princesa que quiere salvarle y que se siente irremediablemente atraída hacia él. Como mujer no puedo evitar reflexionar sobre la conducta de la chica, sumisa no solo en el juego sexual sino en el resto de su desigual relación. Es cierto que Anastasia no quiere perder el control de su vida, pero durante casi todo el metraje se deja comprar con regalos y lujos que no estarían al alcance del pagafantas de su amigo José, que ya bastante tiene con ser hispano en una película que promueve tan magnos valores. Como ven, a nivel narrativo poco hay que rascar en esta primera parte dirigida por Sam Taylor- Johnson (Nowhere boy), quien parece que ha tenido sus más y sus menos con la autora de la trilogía E. L. James, y no se sabe si continuará al frente de las dos secuelas que quedan. Sin mucho margen para aportar algo de su cosecha, la directora filma una historia plana, repetitiva, superficial, con personajes de cartón (el más trabajado es el de Anastasia y eso no es decir mucho) y un conflicto reducido a si la protagonista por fin firma un contrato de sumisión o no. Para aligerar la tensión sexual, Taylor-Johnson ha optado por incluir un poco de humor, lo cual es de agradecer porque le resta algo de dramatismo al romance. Esa comicidad queda hasta simpática en el naif personaje de Dakota Johnson (mucho mejor que su partenaire en pantalla Jamie Dornan) pero en ocasiones, invita a la risa involuntaria y a sentir un poco de vergüenza ajena, sobre todo con las perlas que suelta el señor Grey, el típico personaje atormentado cuyas sombras le impiden abrirse a los demás. Quizás eso explique la rigidez y poca expresividad que luce Dornan en toda la película.
"Repite conmigo Grey: Yo no hago el amor, solo follo duro, Yo no hago..."
En cuanto al aspecto formal de la película y como no podía ser de otro modo al ser una producción de estas características, presenta un acabado elegante, con una fotografía muy cuidada que acentúa los cambios de luz. Las escenas de sexo que aparecen, las que no han sido mutiladas, son demasiado pulcras, coreografiadas, musicales... como si en todo momento quisieran recordarnos que están hechas con buen gusto y ni por asomo se parecen al porno. En fin, mientras las veía me vino a la mente lo que una vez dijo Woody Allen "el sexo cuanto más sucio mejor es". Lo mejor: Dakota Johnson, que sin ofrecer tampoco una interpretación de quitarse el sombrero, logra que empaticemos con su personaje.
Lo peor: Su falsedad, tras la apariencia de película erótica se esconde el típico drama romántico que promueve unos valores rancios, caducos y desiguales.
Seguimos repasando las películas con más nominaciones a los Oscars. Esta vez le toca el turno a Descifrando Enigma (The imitation Game, Morten Tyldum), que cuenta con 8 nominaciones, incluyendo mejor película, director, y mejor actor principal para uno de los mejores actores de la actualidad, Benedict Cumberbatch.
El héroe invisible
Por María José Agudo @Mary_Agurod
La Historia (con mayúsculas) puede ser muy desagradecida con aquellos héroes que no responde al patrón de lo convencional. Ese parece ser el mensaje que subyace en este correcto biopic que narra parte de la vida del brillante matemático Alan Turing, considerado el padre de los ordenadores modernos.
El guion de Grahan Moore,
adaptado del libro de Andrew Hodges "The Enigma", se centra en dos hechos fundamentales en su vida. Por una parte, cuenta como Turing, no sin dificultades, creó la Bomba, la máquina que descifraría “Enigma”, el código secreto utilizado por el Ejército alemán en la Segunda Guerra Mundial. Gracias al revolucionario invento, la sangría se redujo en dos años y fue posible la victoria de los aliados. El otro hecho que vemos esbozado fue la detención de Turing por “conductas indecentes” en 1952. Juzgado por
homosexual, (algo habitual en esa época en Gran Bretaña, como también se hizo
en otros muchos países, no olvidemos nuestra famosa “Ley de Vagos y Maleantes”,
modificada por Franco en el 54 para incluir en este grupo de “delincuentes” a
los homosexuales), fue condenado a castrarse químicamente para matar sus indecorosos deseos, lo que le llevaría poco después al suicidio. Esta parte es sutil pero contundente a la hora de hacernos ver que aunque el horror de la guerra acabó el fascismo seguía campando a sus anchas. Hay también otro acto en la película, narrado en flashback, que nos lleva a entender un poco más al Turing adulto, a la primera vez que tuvo que codificar sus sentimientos e imitar a una máquina. Es aquí en donde sucede una de las escenas más emotivas, protagonizada por un joven Turing (Alex Lawther).
Con una portentosa interpretación
de Benedict Cumberbatch, quien se mete en la piel de un genio con muchas
aristas, el principal escollo de Descifrando Enigma es su formalismo, el poco riesgo
que asume, transmitiendo la sensación de que si todo no hubiera estado tan medido hubiera podido calar más en el espectador. Nunca se podría decir que es un mal film, puesto que todo en ella
está a la altura (puesta en escena, reparto, banda sonora del gran Alexandre
Desplat…) pero el resultado huele a producto concebido para arrasar en los Oscars, a fórmula
calculada de los archipoderosos hermanos Weinstein.
Es de agradecer que el libreto no sea
tan facilón como en otros trabajos similares, aunque encontremos la típica frase de superación que se repite como un mantra a lo largo del metraje. La historia gana puntos debido al complejo retrato que se nos muestra de Turing; a ratos humano, a ratos una máquina incapaz de empatizar
o relacionarse con otros seres humanos. Es por tanto, la enigmática personalidad de este genio la principal fortaleza de esta obra.
Lo mejor: El personaje que compone ese monstruo de la
interpretación que es Cumberbatch. Pocos pueden imitarle.
Lo peor: La ecuación que dirige Morten Tyldum (Headhunters) es perfecta pero convencional.